La historia de la Parroquia Santa María de las Condes es fruto del Señor y de su Espíritu, y también de la fe, generosidad y compromiso de muchas personas que, a lo largo de los años, han ayudado a construir una comunidad viva, acogedora y al servicio de los demás.
Nuestra historia comenzó mucho antes de la erección oficial de la parroquia.
En la década de 1960, el padre Manuel Basoalto soñó con construir una iglesia abierta al público en un terreno perteneciente a su familia, pensando especialmente en la atención pastoral de los campesinos del sector.
En 1962 presentó esta iniciativa, que inicialmente no contó con el apoyo del cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago. Entre las razones se señalaba que en las cercanías se encontraba el seminario “Holy Cross”, ubicado en lo que hoy es la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile, el Monasterio Benedictino, (actualmente está el Hospital de la Fach, y que, además, estaba proyectada la construcción de la capilla de El Dorado.
Ese mismo año tampoco prosperó una segunda propuesta para construir una capilla de oración semipública. A pesar de estas dificultades, finalmente se obtuvo la autorización para comenzar las obras.
El padre Manuel Basoalto no alcanzó a ver terminado su sueño. Falleció en noviembre de 1967, producto de un accidente de tránsito ocurrido en la esquina de avenida Las Condes con La Abadía, mientras se dirigía a comprar materiales para las terminaciones del templo.
En 1973, sus hermanas, Adriana y Aurora Basoalto, donaron el terreno al Instituto Apostólico José María Caro, fundación eclesiástica dedicada al cuidado y fomento del culto eucarístico y a la celebración de los sacramentos con la debida solemnidad y decoro.
La construcción continuó con la colaboración del padre Demetrio Bravo y del diácono en tránsito al sacerdocio Guillermo de la Noi, quienes, junto a una incipiente comunidad, lograron finalizar el templo original, ubicado donde hoy se encuentra nuestro salón parroquial.
Los vecinos fueron invitados a participar de esta naciente comunidad, encontrando una gran acogida especialmente entre quienes habitaban la entonces población Tabancura.
Según el testimonio de un feligrés, la primera misa de esta nueva etapa se habría celebrado durante el invierno de 1975, presidida por el padre Demetrio. La iglesia estaba llena de fieles, iluminada por velas, mientras la asamblea se acomodaba en sencillas bancas hechas con cajas de fruta y tablones.
Hasta entonces, esta comunidad dependía de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes - Los Castaños.
Finalmente, el 9 de septiembre de 1975, el cardenal Raúl Silva Henríquez erigió oficialmente la Parroquia Santa María de las Condes, separándola de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes - Los Castaños, poniéndola bajo la intercesión de la Virgen María y dándole el nombre de Santa María de las Condes.
Durante sus primeros años, Santa María de las Condes estuvo a cargo del padre Mario Silva SS.CC., párroco de Nuestra Señora de las Mercedes - Los Castaños, quien se desempeñó como administrador parroquial entre 1975 y 1980.
Junto a él participó Álvaro Vergara, quien llegó como estudiante de diaconado permanente y fue ordenado en nuestra parroquia el 12 de diciembre de 1975.
Posteriormente se desempeñó como vicario cooperador hasta marzo de 1981.
Fueron años fundamentales para formar y consolidar una comunidad que recién comenzaba a crecer. Surgieron grupos de reflexión y catequesis, el consejo económico y distintas pastorales sacramentales, juveniles y de ayuda fraterna.
Desde sus inicios, la preocupación por quienes más necesitaban estuvo profundamente presente en nuestra vida parroquial.
La Ayuda Fraterna atendía diariamente dos comedores infantiles, donde se entregaban almuerzos a niños y niñas de las poblaciones Tabancura y San Francisco, hoy erradicadas. También se organizaban bazares, talleres, comedores y distintas iniciativas solidarias.
Una figura especialmente recordada de esos años fue María Rebeca Benavides, asistente social que acompañaba los casos de las familias de la población Tabancura. Junto a otras asistentes sociales que colaboraban con la parroquia, desarrollaban un trabajo organizado de visitas a las familias, elaboración de catastros y coordinación de las distintas ayudas.
De esta manera, se llegó a acompañar de diferentes formas a más de 300 familias de los sectores cercanos.
También se desarrolló la Pastoral de la Salud, cuyos integrantes llevaban la comunión a los enfermos de Clínica Las Condes, institución que en esos años pertenecía a nuestra jurisdicción parroquial.
A mediados de 1980 llegó el padre Carlos Coopman, quien acompañó nuestra comunidad hasta 1989.
Su período estuvo marcado por un fuerte impulso espiritual y pastoral. Se fortalecieron las asambleas parroquiales, los grupos de formación bíblica, las pastorales sacramentales, la pastoral juvenil y el trabajo de la pastoral social en la población Tabancura.
Durante estos años se consolidaron también la Ayuda Fraterna, la Pastoral de la Salud y las pastorales de matrimonios, Bautismo y Confirmación.
La comunidad continuó organizando bazares, comedores y diferentes iniciativas para acompañar a las familias que necesitaban apoyo.
El padre Coopman creó además el “Día de la Parroquia”, que comenzó a celebrarse cada 12 de septiembre, convirtiéndose en una fecha especialmente significativa de encuentro para nuestra comunidad.
Otra iniciativa muy recordada de este período fueron los “Talleres de Navidad”, donde se preparaba a los niños para vivir esta celebración, se les enseñaban villancicos y se realizaban distintas actividades en torno al nacimiento de Jesús.
Durante estos años se fortaleció también la identidad mariana de nuestra parroquia.
Por llevar el nombre de Santa María de las Condes, el padre Coopman solicitó a los monjes benedictinos poder tener como imagen patronal de nuestra comunidad a la Virgen de las Condes, obra realizada por el monje benedictino Fray Pedro Subercaseaux.
La obra original fue prestada por el monasterio y trasladada en procesión hasta nuestro templo, donde permaneció durante aproximadamente tres meses.
Las mujeres de la comunidad se organizaron posteriormente para confeccionar una copia bordada, que se conserva en la sacristía. En una de las naves laterales encontramos también una réplica que recuerda el generoso gesto de los monjes, al permitirnos tener como imagen oficial de nuestra parroquia esta representación de la Virgen.
El 1 de marzo de 1989 asumió como párroco el padre Hugo Pinningoff.
Su llegada marcó una nueva etapa en nuestra historia. Con grandes capacidades administrativas, se embarcó en la tarea de construir y terminar el templo actual.
La comunidad participó activamente en este proyecto, organizando distintas iniciativas para reunir los fondos necesarios. Entre ellas se recuerda la actividad “Los Tijerales”, realizada al interior de la nave central para colaborar con el financiamiento de la construcción.
El nuevo templo fue inaugurado en 1992. La antigua iglesia —el primer templo de nuestra comunidad— pasó entonces a prestar servicios como velatorio y salón parroquial, dando a nuestra parroquia una configuración muy cercana a la que conocemos actualmente.
La consagración del nuevo templo reunió, entre otros, al cardenal Carlos Oviedo, arzobispo de Santiago; al padre Hugo Pinningoff; al padre Julio Dutilh, entonces vicario de la Zona Cordillera; al diácono permanente Manuel Carmona; al padre Pedro Narbona, maestro de ceremonia del arzobispo, y al abad de los Monjes Benedictinos de ese momento, Gabriel Guarda OSB.
Durante estos años continuó desarrollándose la vida pastoral y se incorporó, entre otras iniciativas, la Pastoral de Asesoras del Hogar.
El padre Hugo Pinningoff acompañó nuestra comunidad como párroco hasta el 3 de marzo de 1999.
El 3 de marzo de 1999, el padre Julio Dutilh asumió como nuevo párroco.
Su período estuvo marcado especialmente por la misión, la solidaridad y la preocupación por fortalecer los vínculos de nuestra parroquia con comunidades de otros sectores de Santiago.
Uno de los lazos más significativos fue el establecido con la Parroquia María Reina de la Paz de Cerro Navia, con la que se llegó a formar una verdadera hermandad.
Ambas comunidades compartieron jornadas de trabajo, talleres, retiros espirituales y encuentros, además de colaborar frente a las distintas necesidades que enfrentaban las familias del sector.
Durante estos años se incorporó también la campaña “Navidad para un hermano”, nacida en la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes - Los Castaños. La iniciativa, conocida también por sus Cajas de Navidad, fue creciendo con el tiempo hasta transformarse en una campaña de alcance regional, beneficiando cada Navidad a miles de familias con cajas de mercadería.
Otro momento especialmente recordado de este período fueron las celebraciones de la misa de Navidad en el Estadio San Jorge. En una oportunidad llegaron a congregar a más de 5.000 personas, y los niños participaban en la representación del pesebre vivo.
El padre Julio impulsó además la formación de comunidades de base, la pastoral de mujeres separadas y el Mes de María misionero, que continúa vivo en las plazas y barrios de nuestra comunidad.
La celebración del 12 de septiembre, iniciada durante el período del padre Carlos Coopman como Día de la Parroquia, continuó fortaleciéndose como una fecha especialmente significativa para la comunidad, vinculada a la fiesta del Dulce Nombre de María y al aniversario de nuestra parroquia.
En 2003 llegó el padre Samuel Arancibia como vicario, dando un nuevo impulso al trabajo con los jóvenes.
Se fortaleció la Pastoral Juvenil mediante encuentros semanales, grupos de Confirmación, peregrinaciones y misiones en distintas zonas rurales del país.
Los jóvenes de nuestra parroquia participaron también en importantes encuentros de la Iglesia universal, entre ellos la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en 2011, y la de Río de Janeiro, en 2013.
Las misiones se convirtieron en una experiencia especialmente significativa para generaciones de jóvenes, que encontraron en ellas un espacio para crecer en la fe, formar comunidad y poner sus talentos al servicio de los demás.
La solidaridad que había caracterizado a nuestra parroquia desde sus primeros años volvió a manifestarse con especial fuerza frente a distintas emergencias que afectaron al país.
Después del terremoto de 2010, nuestra comunidad se movilizó para apoyar a las localidades más afectadas. Gracias a la generosidad de los feligreses se enviaron enseres para los hogares, mercadería y aportes económicos, canalizados a través de Caritas Chile.
En 2014, la Pastoral Social, junto con la Unidad Pastoral San Alberto Hurtado, surgida en 2005, se organizó para apoyar a las familias afectadas por el gran incendio de Valparaíso.
Nuestra comunidad apadrinó especialmente a familias del cerro La Cruz.
Gracias a la solidaridad de los feligreses se aportaron cerca de 30 viviendas, construidas por voluntarios de nuestra parroquia junto a los propios vecinos del sector afectado.
En 2015, el padre Nicolás Achondo asumió como administrador parroquial de Santa María de las Condes.
Permaneció en esa función hasta 2018, año en que asumió como párroco, servicio que desempeñó hasta marzo de 2024.
Durante su período se realizó una importante renovación de la infraestructura parroquial.
En 2018 se remodeló completamente el antiguo salón parroquial. La obra permitió construir dos pisos: en el primero se habilitaron las salas donde actualmente realizamos catequesis y reuniones de nuestra comunidad, además de un oratorio que permanece abierto todos los días, ofreciendo un espacio para la oración personal. En el segundo piso se encuentra el actual salón parroquial.
Al padre Nicolás le correspondió también acompañar a nuestra comunidad durante uno de los momentos más desafiantes de nuestra historia reciente: la pandemia de 2020.
A pesar de las restricciones y de no poder reunirnos de la manera habitual, la parroquia se mantuvo viva gracias al trabajo del equipo pastoral y al compromiso de toda la comunidad.
La Eucaristía se transmitió todos los días por internet, llegando a registrar más de 3.000 conexiones.
La vida sacramental tampoco se detuvo. Continuó la preparación de bautizos y matrimonios y, buscando nuevas formas de llegar a los fieles, se llegó incluso a celebrar la misa orientada hacia la calle, respondiendo así a la fe y al deseo de encuentro de nuestra comunidad.
Fue una etapa que nos desafió a encontrar nuevas maneras de permanecer unidos, rezar juntos y acompañarnos aun en medio de la distancia.
El 16 de marzo de 2024 asumió como párroco el padre Carlos Irarrázaval, dando inicio a una nueva etapa en nuestra historia.
Su llegada ha significado un renovado impulso para la pastoral social y para el encuentro con los feligreses.
En el contexto del Jubileo de la Iglesia, se fortaleció el vínculo con Fundación Las Rosas, institución de la cual el padre Carlos es capellán general y miembro de su directorio. Durante el Jubileo 2025, Fundación Las Rosas fue reconocida como templo jubilar y nuestra comunidad realizó visitas el primer sábado de cada mes.
Con una actitud cercana y comprometida, el padre Carlos ha fortalecido también el vínculo con los feligreses mediante procesiones por el barrio, generando espacios de oración, encuentro y presencia de nuestra parroquia en las calles.
Ha promovido especialmente la participación de jóvenes y niños en las celebraciones y actividades pastorales, reconociendo en ellos el presente y el futuro de nuestra Iglesia y de nuestra comunidad.
Asimismo, una vez a la semana comparte un comentario del Evangelio como guía y acompañamiento espiritual para los feligreses.
Su alegría, sencillez, cercanía, sus cantos y su profundo conocimiento de las Escrituras han acompañado esta nueva etapa, revitalizando las celebraciones eucarísticas y fortaleciendo el espíritu comunitario.
Nuestra historia sigue escribiéndose cada día en la vida de quienes participan de la parroquia, celebran la fe, sirven a los demás y construyen comunidad.
Recordamos con gratitud el sueño del padre Manuel Basoalto, la generosidad de sus hermanas Adriana y Aurora, la entrega de los sacerdotes y diáconos que han acompañado nuestro camino, y el compromiso de tantos laicos que han puesto sus talentos al servicio de los demás.
En esta historia están presentes quienes han visitado familias, preparado comedores, enseñado catequesis, llevado la comunión a los enfermos, organizado bazares y Talleres de Navidad, acompañado a jóvenes, participado en misiones, construido viviendas, preparado Cajas de Navidad y colaborado, muchas veces silenciosamente, en innumerables tareas pastorales.
A lo largo de los años, nuestra comunidad ha crecido en torno a la oración, los sacramentos, la misión, la solidaridad y el encuentro.
Nuestra historia no está formada solamente por edificios, fechas o nombres. Está formada, sobre todo, por personas que han descubierto que la fe se vive en comunidad y que el encuentro con Cristo también nos impulsa a servir.
Con gratitud por el camino recorrido, seguimos confiando en el Señor y en la intercesión de la Virgen María para continuar construyendo una parroquia viva, acogedora, misionera y disponible para servir.
Santa María de las Condes: una comunidad que sigue caminando en la fe y al servicio de los demás.