La Adoración Eucarística nos ofrece un espacio para permanecer junto al Señor, agradecer, pedir, escuchar y dejarnos transformar por su presencia.
Todos los jueves, de 8:40 a 20:00 horas, estamos invitados a participar en la Adoración Eucarística, haciendo de este encuentro con Jesús una prioridad y un compromiso comunitario.
Como lo expresa Claudia Hidalgo, “permanecer un momento junto a Él es una de las formas que tengo para agradecer toda la gracia que he recibido en mi vida y de responder, desde lo que soy, a ese amor”.
La experiencia de permanecer ante el Santísimo puede convertirse así en un encuentro íntimo con el Señor, capaz de renovar el corazón y abrirnos a vivir con mayor esperanza y amor nuestro vínculo con Dios y con los demás.
Otra adoradora, comparte también lo que significa para ella este momento semanal.
“Cuando estoy en esta hora de Adoración, que es la mejor hora de mi semana por lejos, la verdad me siento totalmente plena, no necesito nada más, no sé cómo explicar lo feliz que estoy con la compañía y verdadera presencia de Jesús. También me encanta esa relación íntima y personal con Dios que se va formando al hacer Adoración. Me doy cuenta de cómo Jesús sana, transforma lentamente mi corazón y nos derrama sus gracias y todo su amor cuando estamos ahí. En mi caso, me ha concedido muchas gracias espirituales que le he pedido, creo que Él concede todo lo que le pedimos que es bueno para nuestra salvación y nuestro camino. Cuando salgo, también siento la necesidad muchas veces de traspasar su amor a los demás de distintas formas y de ir mejorando como persona y con el prójimo por amor a Dios y todo lo que recibo en ese rato en Adoración. La presencia de la Virgen también es muy potente y preciosa, que está ahí junto a Él y a todos los que lo visitan”, detalla.
Para que Jesús nunca quede solo durante esta jornada, hay algunos turnos que necesitan especialmente de nuestra participación. Actualmente, los horarios más débiles son:
12:30 a 13:30 horas
13:30 a 14:30 horas
La invitación es a asumir con generosidad este compromiso y, en la medida de nuestras posibilidades, elegir una hora de adoración para acompañar al Santísimo. No se trata solamente de encontrar un espacio disponible en la agenda, sino de regalarle al Señor nuestro tiempo y nuestra presencia.