Cada jueves, entre las 8:40 y 20:00 horas estás invitado a entrar en la presencia de Jesús y permanecer junto a Él en la Adoración Eucarística, reconociendo que Cristo está verdaderamente presente y permitiendo que ese encuentro transforme tu corazón, tus decisiones y tu manera de mirar a los demás.
Así como San Alberto Hurtado, que comprendió que la Adoración Eucarística prepara al cristiano para vivir con un corazón renovado, la Pastoral de la Oración quiere invitarte a reflexionar con el santo chileno.
En una carta escrita el 24 de junio de 1948, (1) el padre Hurtado destacó que la Adoración Eucarística, no es un alejamiento del mundo, sino la base de toda vida cristiana auténtica. Sus palabras nos invitan a redescubrir esta práctica porque es:
El camino más sólido: Para el santo chileno, la oración y la contemplación son "el único camino sólido para una influencia cristiana".
El remedio al olvido de Dios: Ante un mundo centrado solo en lo humano, Hurtado recalca: "Esta última palabrita es la que más quiero recalcarte: adoración", pues ayuda a palpar la inmensa grandeza de Dios.
Fuente de santidad y paz: Nos invita a buscar la Adoración Eucarística y litúrgica para llenarnos de "mucha paz interior" y ser verdaderos instrumentos de Cristo.
El motor de la justicia: Para el Padre Hurtado, el compromiso social y el servicio a los más pobres solo son posibles si cuentan con "hombres de vida interior" que los encaren con serenidad y verdadera justicia.
Esta experiencia también está presente en quienes, semana a semana, se acercan al Santísimo en nuestra parroquia. Los testimonios de ellos nos recuerdan que la Adoración no es una práctica distante, sino un encuentro vivo con el Señor.
Eleonora Diazursi
"Ante el Santísimo, uno se encuentra consigo misma. La adoración también transforma nuestro corazón. Nos ayuda a perdonar, agradecer, reconocer nuestros errores y a descubrir nuevamente el amor de Dios. Salimos de ese encuentro con una mirada diferente, con más esperanza y con el deseo de llevar a los demás un poco de esa paz que hemos recibido".
Verónica Larraín
Cuando estoy con Él, el tiempo se detiene. No necesito nada más, porque el Señor me da seguridad y tranquilidad. Lo saludo, Él me mira, yo lo miro. Está contento; no le gusta estar solo porque tiene tanto amor para dar.
Le doy gracias por tantas bendiciones: mi familia, el poder estar con Él, porque puedo caminar, ver, oír y respirar. Pongo en su presencia a mi familia, hermanos, a las personas que se sienten solas y abandonadas, a los enfermos, a los que no tienen qué comer ni dónde dormir, por las almas del purgatorio, mis seres queridos que ya partieron y por quienes aún no lo conocen.
Le entrego todo mi ser; que no permita que me aparte de Él, porque sin Él no vivo, porque no soy nada sin Él. Le agradezco por su amor y por nuestra Madre, la Virgen María, a quien también me encomiendo.
Le pido que, con su gran misericordia, se acuerde de mí cuando tenga que partir de esta vida, que me reciba en sus brazos. Salgo en paz y confiada en el Señor. Le digo que lo quiero".
La Adoración Eucarística de los jueves necesita también de nuestro compromiso personal y comunitario. Jesús nos espera. Por eso, estamos invitados a hacer de este momento una prioridad dentro de nuestra semana y, cuando sea posible, a asumir el compromiso de acompañar al Santísimo, procurando que nunca esté solo.
Una hora ante Jesús puede transformar nuestra manera de vivir muchas otras horas. Visítalo, déjate transformar y si puedes asume un compromiso mayor en un horario específico.
Jesús sacramentado te espera.