Mayo nos regala dos grandes verdades de la fe que iluminan la vida cristiana: la Ascensión del Señor, que nos recuerda que Cristo vive glorioso junto al Padre, y la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos para renovar la Iglesia y enviarla al mundo.
En ese tiempo de esperanza y renovación espiritual, celebraremos las tradicionales Misas de los martes, para poner en el altar aquellos que llevamos en el corazón: nuestras familias, los enfermos y nuestros seres queridos difuntos.
Así como Jesús asciende al Padre sin abandonar a los suyos, también nuestras familias están llamadas a vivir en comunión, confianza y esperanza.
En esta Misa rezaremos por los matrimonios, los hijos y cada hogar de la comunidad, pidiendo que el Espíritu Santo fortalezca los vínculos familiares y haga de nuestras casas lugares donde Dios habite.
Están invitados especialmente, todos los matrimonios de aniversario
Pentecostés nos recuerda que Dios no deja solos a sus hijos. Por eso, en esta Eucaristía pondremos especialmente en oración a quienes atraviesan la enfermedad, el cansancio o la soledad.
Pediremos que el Espíritu Santo sea alivio en el dolor, esperanza en medio de la prueba y compañía para quienes más lo necesitan. Rezaremos también por sus familias, médicos y cuidadores.
La Ascensión del Señor abre para todos nosotros el horizonte del Cielo. En esta Misa recordaremos con amor a quienes han partido, confiando en la promesa de Cristo resucitado.
Oraremos por sus almas y por quienes aún sienten su ausencia, sabiendo que la muerte no tiene la última palabra cuando la vida está en manos de Dios.
Si no puedes asistir presencialmente, acompáñanos desde tu hogar a través del canal de YouTube o la página web de la parroquia.
También puedes dejar tus intenciones AQUÍ para que sean presentadas en el altar.
Oremos unos por otros y dejémonos que el Espíritu Santo actúe en medio de nuestras alegrías, dolores y necesidades.