Este viernes 12 de junio celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y el lunes 13 de junio la memoria del Inmaculado Corazón de María, dos fiestas profundamente unidas que nos invitan a contemplar el amor infinito de Dios y la respuesta fiel de la Virgen María.
Contemplar ambos corazones es descubrir que no hay mejor camino hacia Jesús que el que recorre su propia Madre. El Sagrado Corazón revela el amor de Dios hecho hombre, mientras que el Inmaculado Corazón de María refleja ese amor acogido con total pureza y fidelidad.
Como madre, María no se queda en sí misma, sino que siempre conduce a su Hijo. Por eso, quien se acerca a su Corazón encuentra una guía segura para llegar al Corazón de Jesús, fuente inagotable de misericordia, esperanza y salvación.
El amor misericordioso de Cristo
La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el amor inmenso y misericordioso con que Cristo ama a la humanidad. Su Corazón es signo de una entrega total que llega hasta la Cruz y permanece abierta para acoger, perdonar y sanar a todos.
María, modelo de fe y entrega
El Inmaculado Corazón de María nos muestra el camino de una vida completamente disponible para Dios. Su corazón dócil y fiel nos enseña a escuchar la voz del Señor, confiar en sus planes y perseverar en medio de las dificultades.
Dos corazones unidos en la obra de la salvación
Estas celebraciones están íntimamente relacionadas. La sierva de Dios Lucía de Jesús, vidente de Fátima, explicaba que el Corazón de Cristo latió al unísono con el Corazón de María desde la Encarnación. Por ello, Jesús manifestó su deseo de que la Iglesia promoviera la devoción al Inmaculado Corazón junto a la devoción a su Sagrado Corazón.