Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, el 25 de diciembre, el Papa León XIV dirigió su mensaje Urbi et Orbi, invitando a la conversión del corazón, a la responsabilidad personal y a la construcción de la paz en un mundo herido por el conflicto, la violencia y la indiferencia.
El Santo Padre destacó que la paz nace de un examen sincero de la propia vida, abriendo espacio al perdón y a la solidaridad concreta con quienes más sufren.
“Jesucristo es nuestra paz, ante todo porque nos libera del pecado y, luego, porque nos indica el camino a seguir para superar los conflictos, todos los conflictos, desde los interpersonales hasta los internacionales”.
“Sin un corazón libre del pecado, un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz. Por esto Jesús nació en Belén y murió en la cruz: para liberarnos del pecado. Él es el Salvador. Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación”, precisó el Papa.
El Santo Padre tuvo palabras de consuelo para las naciones que viven en conflicto y las personas que sufren o padecen necesidad.
También recordó que en pocos días concluirá el Año Jubilar en la Basílica de San Pedro, el 6 de enero.
“Se cerrarán las Puertas Santas, pero Cristo, nuestra esperanza, permanece siempre con nosotros. Él es la Puerta siempre abierta, que nos introduce en la vida divina”, sostuvo el Papa León XIV alentándonos a vivir una fe encarnada, responsable y misericordiosa, donde uno sea artesano de paz y testigo de esperanza en el mundo.
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