En la Misa de Nochebuena, miércoles 24 de diciembre, nuestro párroco, padre Carlos nos dio dos claves para dejar nacer a Cristo en nuestra vida personal y comunitaria.
“Dejar entrar al Señor en mi historia, es lo primero, y lo segundo es dejarlo entrar con la radicalidad que implica la Eucaristía, en donde me hago uno con Él. Ya no es solo ‘ven, ayúdame, sáname’; es ‘quiero ser uno contigo’, porque cuando uno se lo come, ya nadie me lo puede quitar. Me hago uno con él”, explicó el padre Carlos.
Durante la homilía, el padre Carlos nos invitó a reconocer que nuestra historia personal necesita ser redimida, y que “depende de cada uno abrir las puertas del corazón al Señor que quiere entrar”. Para ello, invitó a preguntarse “¿cómo está mi pesebre interior para recibir al Señor? ¿Cómo quiero yo dejarlo entrar en mi historia? ¿Y qué necesito que él sane, restaure, convierta, redima en mi propia historia?”, cuestionó.
También nos invitó a ayudar a quienes creen a medias o prefieren mirar la fe desde lejos. “¿Cómo le ayudo a que le abra el corazón al Dios que quiere entrar en ese corazón? ¿Cómo le ayudo a que se abra al misterio del Emanuel, del Dios con él?”, recordó.
En la Misa de Nochebuena, con un templo repleto y extendido hasta la explanada de la parroquia, destacó la alegre presencia de los niños. Muchos de ellos, participantes del Taller de Navidad, cantaron villancicos y se presentaron vestidos como personajes del pesebre, acompañando con su entusiasmo la procesión de entrada.
La celebración Eucarística concluyó con la bendición impartida por el padre Carlos desde el pesebre del altar. De esa manera, sostuvo un bebé en sus manos, para recordar que Dios sigue haciéndose pequeño, cercano y vulnerable para reinar desde el amor en el corazón de su pueblo.
Fue una celebración emotiva y esperanzadora que nos invitó a abrir de par en par el pesebre interior para que Cristo vuelva a nacer.