En el corazón del tiempo pascual, la Iglesia celebra el Domingo de la Divina Misericordia, este 12 de abril, una fiesta que brota del deseo mismo de Cristo y que fue extendida a toda la Iglesia por San Juan Pablo II en el año 2000, durante la canonización de Santa Faustina Kowalska.
Se celebra el segundo domingo de Pascua y es una oportunidad para contemplar el amor misericordioso de Dios, que nunca se cansa de perdonar.
La imagen de Jesús Misericordioso, con los rayos de agua y sangre que brotan de su corazón, es un recordatorio vivo del amor que se derrama por la humanidad. Bajo ella, una frase resume todo el mensaje: Jesús, en Ti confío.
En un mundo marcado por heridas, incertidumbres y búsquedas profundas, esta fiesta se levanta como una luz de esperanza. Es una invitación a volver al corazón de Cristo, a dejarnos abrazar por su misericordia y a aprender también nosotros a ser misericordiosos con los demás.
Según lo indicado a Santa Faustina, cada día y de manera especial en esta fiesta, se invita a orar a las 15:00 horas, recordando el momento en que Cristo entregó su vida en la cruz. Es en este momento donde el cielo se abre de manera especial a las súplicas humanas.
A la luz de esta hermosa devoción, compartimos tres aspectos clave que ayudan a comprender su profundidad: