Con una multitud reunida en torno al fuego nuevo, la Vigilia Pascual del sábado 4 de abril, se convirtió en el momento culmine de nuestra Semana Santa.
En una liturgia llena de signos y esperanza, la luz de Cristo Resucitado irrumpió en medio de la oscuridad, recordando que la vida ha vencido a la muerte.
En su homilía, nuestro párroco padre Carlos Irarrázaval, nos exhortó a decir con fuerza “Somos hijos de Dios”. “Vistamos con honor y con alegría el apellido de Dios: soy hijo de Dios por el bautismo”, insistió.
Asimismo pidió para que cada uno pueda gozar “de caminar por el mundo con este gran desafío: ser luz del mundo, de la mano y a imagen de Jesucristo; para ayudar a que otros vean, como yo veo; que puedan caminar sin tropezar como yo camino”, afirmó el padre Carlos.
Durante la Liturgia Pascual también celebramos la alegría de recibir a una nueva hermana en la fe: Mariana Alexandra Reinoso Pérez que recibió los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía.
Un santo Triduo Pascual
El anuncio de la Resurrección, fue preparado a lo largo de todo el camino del Triduo Pascual.
El Viernes Santo, la Liturgia de la Pasión y el Vía Crucis permitieron contemplar el misterio de la cruz y la entrega total de Jesús.
El Jueves Santo, en la celebración de la Última Cena, nuestra comunidad se reunió para acoger el mandamiento del amor hecho servicio en el lavado de pies y la santa Eucaristía.
Así, cada momento vivido durante estos días, incluyendo los retiros del Viernes y Sábado Santo, fueron disponiendo el corazón de todos los que participaron para acoger con mayor profundidad el gozo de la Resurrección.
Que la luz de Cristo vivo siga iluminando nuestros caminos y renueve en todos la esperanza. ¡Feliz Pascua de Resurrección!