En este tiempo de Cuaresma, como comunidad estamos llamados a vivir un doble desafío: compartir nuestros bienes materiales y compartirnos a nosotros mismos con quienes más lo necesitan, especialmente nuestros adultos mayores.
Este año, la Campaña de Cuaresma de Fraternidad inicia un camino que se proyecta hasta 2027 y pone como prioridad a las personas mayores. La Iglesia nos invita a volver la mirada hacia quienes han sido pilares de nuestras familias y comunidades: verdaderos guardianes de la memoria y de la fe.
Donar dinero es un gesto necesario y concreto que nos permite mejorar la calidad de vida de muchos adultos mayores que enfrentan situaciones de dificultad. Cada aporte en nuestra «alcancía de Cuaresma» se transforma en ayuda real. Pero más valioso todavía es entregar nuestro tiempo, nuestra escucha y nuestro cariño.
El sacrificio cuaresmal, vivido en profundidad, no se limita al ámbito económico. También implica renunciar a la indiferencia, al egoísmo y a la prisa que tantas veces nos impide ver al otro. Esta campaña nos recuerda que la caridad no consiste solo en dar cosas, sino en darnos por completo.
Siguiendo el ejemplo de Cristo, estamos llamados a reconocer la dignidad de nuestros mayores, acompañarlos con solidaridad y hacerlos partícipes activos de la vida comunitaria. Que nuestra ayuda no sea solo una respuesta puntual a una necesidad, sino una auténtica expresión de nuestra fe viva y encarnada en el amor.
Invitamos a toda la comunidad a hacerse parte de esta campaña. Pidamos nuestra «alcancía de Cuaresma» a la salida de las Misas del fin de semana o en la sacristía de nuestra parroquia, ubicada al costado derecho del templo, y vivamos este compromiso con generosidad.
Que este tiempo de conversión nos ayude a comprender que la fraternidad se construye con gestos concretos y que la Cuaresma es una oportunidad para renovar nuestro amor hacia quienes han cuidado de nosotros.